Suicidio infantil: Prevención en familia

La muerte de un menor es muy difícil de superar, y lo es aún más si se trata de un suicidio. Según una especialista, no hay causas específicas para determinar este hecho, dado que dependerá de cada niño en particular.

Cerca de 800,000 personas se suicidan cada año, según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Dentro de ellas, el número de infantes va en aumento.

La psicóloga y directora del Centro PEyDE, Alejandra Rivera, resalta que no hay causas específicas para determinar el suicidio infantil, dado que dependerá de cada niño en particular. «En este punto influyen varios factores tanto individuales, acontecimientos vividos por el niño, entornos e historial familiar», dijo.

Rivera explica algunos factores de riesgo que pueden influir a una conducta suicida del menor: puede estar precedido de un evento altamente estresante para el niño; por vivir recientemente la muerte de un progenitor; por existir psicopatología parental; el niño vive en un entorno familiar hostil, difícil, con violencia; por recibir cualquier tipo de abuso o violencia; vivencias de acoso escolar graves que no han sido atendidas como el bullying; por padecer depresión; el niño, al tener una concepción difusa de la muerte, puede querer reunirse con el progenitor recién fallecido o querer morir por no tener claro lo irreversible que es la muerte o puede ser como una búsqueda de atención.

¿Cómo notar que se vive una crisis?

«Una crisis que puede anteceder a una conducta suicida puede expresarse de varias formas; por ejemplo, cuando el niño evidencia cambios de conductas como agresividad o, por el contrario, ser inusualmente pasivo», indicó la especialista.

Asimismo, resalta como señales de alarma las conductas autodestructivas, gran ansiedad, cambios en los hábitos alimenticios e incluso el menor puede hacer juegos respecto a la muerte, dibujos que representen muerte o notas o frases que soliciten ayuda.

Es importante que, si en algún momento el menor expresa su deseo de morir, «nunca dejar pasar por alto eso y actuar con rapidez hablando con el hijo para explorar los motivos con una escucha activa, sin frivolizar la situación, observando con detenimiento el entorno del hijo (escolar, familiar). Si ha vivido recientemente un evento estresante o si lo vive actualmente, y cuál ha sido su comportamiento un tiempo atrás no importando que tan lejos o cerca sea», añadió Rivera.

Los padres deben comprender que «atender a un niño no solo significa vestirlo, darle de comer y educarlo. Un niño necesita ser amado, orientado, guiado, donde tenga un entorno estable donde crecer con calidez afectiva-emocional», expresó la psicóloga.

Al preguntar a la especialista sobre a qué factores le adjudica el aumento de casos de suicidio infantil responde: «Son diversos, el modo de vida, la falta de atención, estilos educativos que emplean agresiones, abusos, el limitado conocimiento para saber cuándo estamos frente a indicadores potenciales de comportamientos suicidas, entre otros».

Asimismo, comentó que se ha expuesto «una encuesta global realizada en más de 140 países cuyo resultado expuso que el mundo se encuentra más triste, preocupado y estresado, y si bien no fue aplicado a niños, los adultos son padres, abuelos, tíos, profesores, en fin, los niños no están inmunes y conviven con esa realidad», concluyó.

Según el portal web de la Organización Humanium, exponen que, según algunos de los pocos estudios que existen al respecto -la mayoría, llevados a cabo en países industrializados-, la mayoría de los niños que logran suicidarse son generalmente varones, mientras que la mayoría de los intentos de suicidio son realizados por niñas.

LA PRENSA GRÁFICA

 

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