El suicidio de un niño navarro abre el debate sobre la muerte voluntaria

  • Polémica por la muerte de un niño de nueve años que estaba bajo la tutela del Gobierno foral.
  • La familia del fallecido reclama justicia y el asunto se está investigando.
  • En los medios esta vez sí se está hablando sobre el suicidio de Jesús Ander.

La muerte es parte de la vida, debemos perder un poco ese miedo”. Estas palabras han sido pronunciadas esta misma semana por el entrenador de fútbol Juan Carlos Unzué, que ha anunciado que parece la ELA.

Es evidente que la sociedad quiere ‘despegarse’ de la muerte. Y lo hace de variadas formas: los ancianos se retiran en sus últimos años de vida a las residencias, los velatorios se han sacado de las viviendas particulares y el suicidio es un tabú más intenso que el que pesa sobre la monarquía española o los ‘capos’ del IBEX35.

 
 
 

La prensa no habla sobre la muerte voluntaria. Y según los datos del Instituto Nacional de Estadística, cada año en España alrededor de 3.500 personas se quitan de forma voluntaria la vida. Pero la prensa acepta por consenso que informar sobre el suicidio promueve el supuesto ‘efecto llamada’ y avergüenza a la familia de la persona fallecida.

LA MUERTE DE JESÚS ANDER

Séneca dijo que “el suicidio es el último acto de un hombre libre”. Pero a lo largo de la historia la mayoría de intelectuales han relacionado este acto con la cobardía. Sea como fuere, en la ciudad navarra de Tudela se suicidó hace unos días un niño de nueve años.

Jesús Ander, que así se llamaba el mozalbete navarro, vivía tutelado por el Gobierno de Navarra después de que las autoridades públicas se hicieran cargo de él.

El niño, aficionado al fútbol y ‘huérfano’ en la práctica desde que deportaron a sus padres hace más de siete años a Colombia, pudo haber sufrido bullying. Y, según fuentes judiciales, hace unos días se habría ahorcado.

SIN CENSURA CON EL SUICIDIO

Es evidente que esta muerte puede tener consecuencias judiciales y su madre, desde el otro lado del charco, reclama justicia: “Lo que no puede ser es que yo esté en Colombia, mi hijo esté viviendo con su abuela en Pamplona y me lo devuelvan muerto, que me lo devuelvan vacío, sin órganos porque se los han sacado sin mi consentimiento”.

“A mi madre se lo quitaron para meterlo en un piso tutelado, porque decían que iba a estar mejor. ¿Mejor? Me lo han devuelto en una caja de madera. ¿Cómo va a suicidarse así un niño tan pequeño? A mi hijo me lo han matado”, añade en declaraciones a El Español.

Esta muerte, que ha generado un considerable impacto en la sociedad navarra, se ha tratado en medios como un suicidio que tendrá que ser acreditado por la justicia. Sea como fuere, no es habitual que los medios se lancen a la piscina con asuntos de esta índole.

EVITAR LA PALABRA SUICIDIO

Hace algunos años se suicidó un importante político en el norte. Los medios explicaron que había ‘aparecido muerto’, aseguraron que fuentes policiales descartaban que hubiera muerto por un “accidente” y señalaron que no hubo “participación de terceras personas”.

 
 

Es decir, que se cubría con eufemismos lo que era la decisión de matarse. Cosa que sí que hicieron el día que el banquero Miguel Blesa se separó unos metros de sus amigos un día de caza y se disparó en el tórax.

¿MITO O REALIDAD?

Malú Tabraue, responsable del Teléfono de la Esperanza en Santa Cruz de Tenerife, asegura que “lo del efecto llamada del suicidio es un mito; sencillamente lo que pasa es que nos da miedo hablar sobre el asunto. Simplemente, es mentira”.

Y la psicóloga balear Mariona Fuster pidió en Mallorca Diario que hay que desterrar “mitos como el de que si se habla de suicidio se produce un efecto llamada y aumenta el riesgo de comportamiento autolítico”.

“El silencio, ocultar el suicidio, contribuye a que persista el estigma e impide que las personas que sufren directa o indirectamente sus consecuencias verbalicen sus sentimientos y puedan recibir la atención adecuada“, añadía.

 
 

CASI MEDIO SIGLO

El sociólogo estadounidense David Philips publicó un informe en 1974 cuya tesis se basaba en intentar demostrar cómo aumentaba el número de suicidios el mes siguiente de que The New York Times publicase en portada una información relacionada con una muerte voluntaria.

Esta tesis se conoce como el ‘Efecto Werther’ porque a finales del siglo XVIII la novela ‘Las penas del joven Werther’, que acaba con el suicidio de su protagonista a causa del desamor, fue prohibida en varios países porque muchos jóvenes, aplicando el ‘efecto copycat’, se habrían suicidado a continuación de leer la citada obra.

Es cierto que los medios tienen la obligación moral de repetir algunos errores que se cometían hasta los setenta. Pero también podría ser tarea de los medios poder hablar del suicidio. Eso sí, tras sortear el verdadero tabú: las causas del suicidio.

 
 

Y es que la sociedad se niega a abrir sus cajones oscuros. Porque, según datos de la Organización Mundial de la Salud, Europa es el continente con más suicidas a pesar de que las instituciones sanitarias parecen no hacer demasiado caso al asunto.

Moncloa

 

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