Carmen ha superado tres intentos de suicidio: «Queremos menos pastillas y más tiempo de escucha y conversación»

Los expertos reclaman un Plan Nacional de Prevención del Suicidio que evite muertes y ahorre dinero. Las muertes por suicidio aumentaron un 3,1% en 2017 y superaron a las víctimas de accidentes de tráfico.
Carmen Regidor dice que la vida le ha salido «cruz». Esta auxiliar de enfermería madrileña, de 60 años, se jubiló hace dos años tras operarse del hombro. En los últimos diez años ha intentado suicidarse tres veces. Un tema del que habla sin reparos para luchar contra la estigmatización de las personas que intentan quitarse la vida para «dejar de sufrir». Hace diez años se vio en una situación familiar «precaria»: tuvo que afrontar en solitario los cuidados de su padre, enfermo de fibrosis pulmonar. Según cuenta a 20minutos.es, «salía del hospital de trabajar y me metía en otro para atender a mi padre». Y esa etapa en la que pasaba prácticamente las 24 horas del día entre hospitales con «dos trabajos» se sentía «muy sola» y cayó en el alcohol para huir del «síndrome del cuidador». Al morir su padre, la situación no mejoró. «La convivencia con mi madre era muy complicada y terminé llevando una vida itinerante durmiendo en pensiones, habitaciones, residencias sociales e incluso en la calle…». A esta situación se sumó una batalla judicial familiar que tampoco contribuyó a mejorar el estado de ánimo de Regidor. Ahora vive en un piso alquilado a través de la Empresa Municipal de la Vivienda de Madrid (EMV), un espacio «digno» y «propio» que le cuesta gran parte de su pensión pero que le ayuda a llevar una vida «más o menos normalizada». Hace seis años que no bebe nada de alcohol pero su estado mental no deja de ponerle a prueba. Regidor relata que el suicidio «te deja una herida social porque estás estigmatizada de por vida». La primera vez que se intentó suicidar no existía el teléfono contra el suicidio inaugurado hace un año por la asociación La Barandilla. «Entonces, cuando me tomé las pastillas y me fui en metro (al hospital) no tenía ni un cielo donde mirar ni un suelo donde pisar». Regidor niega el mito de que se haga por llamar la atención «porque quien lo hace una vez lo puede volver a intentar cien veces». La idea de suicidarse «siempre sigue ahí», pero ahora, afortunadamente, tiene un nuevo —»único», en realidad— recurso, el teléfono contra el suicidio, con el que además colabora. Los «15 minutos al mes» que ve a su psiquiatra de la Sanidad Pública —no puede costearse uno privado— no son suficientes. «En un mes pueden pasar muchísimas cosas», dice Regidor para denunciar la «demencial falta de recursos para la salud mental en España. Luego no nos echemos las manos a la cabeza porque la gente se suicida», reprocha. Esta superviviente denuncia, además, que se siente «intoxicada químicamente» y reclama que lo que necesita «no son pastillas, sino que me escuchen». Otro de los recursos que utiliza Carmen Regidor es el Centro de Atención a las Adicciones (CAD) de Vallecas, donde acaba de completar un curso de prevención de las recaídas. «Pero no es tan fácil seguir adelante, el camino se me hace duro», cuenta para reconocer que tiene muchos frentes abiertos, con problemas familiares y económicos a los que se enfrenta día a día. «La salud mental en España está totalmente abandonada, parecemos los leprosos de la Edad Media», recrimina. Una afirmación que los psiquiatras matizan y, aunque reconocen que es «la pariente pobre» de la sanidad, también realzan el «potente» sistema de sanida pública «equitativo» que existe en España. Regidor considera que la sociedad todavía piensa que «quien va psiquiatra está loco». «Yo tengo dos carreras y artículos publicados, no soy tonta ni tengo un bajo coeficiente intelectual, pero la vida me ha salido cruz y encima no tengo recursos», sentencia.
20 minutos

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