El suicidio juvenil: relato de una madre

María Bales narra a DIARIO DE AVISOS la tragedia de su hijo Nick para crear conciencia

El tema de hoy es uno particularmente espinoso. Uno de esos que te rompen el corazón, de los que no nos gusta hablar, que dan pavor, pero que hay que afrontar porque la incidencia es cada vez mayor. El suicidio juvenil. Voy a hablar de Estados Unidos, no porque sea un fenómeno aislado, sino porque suele ser el detonante de conductas a nivel mundial, especialmente entre los jóvenes. Un nuevo estudio señala que durante la última década las tasas de suicidio entre adolescentes estadounidenses han ido aumentando, y en la reciente escalada el suicidio entre los varones es más pronunciado. El incremento empezó en 2007, pero entre 2014 y 2017 la subida ha sido vertiginosa, tanto entre adultos como en jóvenes, pero afectando, con diferencia, a este último grupo.

De los 6.241 suicidios ocurridos en 2017 entre jóvenes de 15 a 24 años, 5.016 fueron chicos y 1.225 chicas. Según los últimos estudios, estas cifras son alarmantes, y se culpa tanto a la epidemia de consumo de opiáceos que azota al país norteamericano como a la economía, que, pese a una aparente mejoría, está dejando a muchos atrás, causando desesperanza hacia el futuro. Las redes sociales también juegan un papel importante en los suicidios juveniles, así como, de forma decisiva, el grave problema de la falta de acceso a tratamientos de salud mental. No son cifras, son personas. Yo conozco la problemática. Hace unos años, viviendo en Virginia, una de mis hijas vivió con ansiedad los intentos de suicidio de varias amigas. Tenían doce años. Decidimos en aquel momento cambiarla de colegio, que hiciera nuevas amigas porque el nivel de sufrimiento con el que vivía, pensando que en cualquier momento lo intentarían de nuevo, fue devastador.

Hace unas semanas, mi hermana que vive en Ohio me dijo que estaban destrozados, volviendo del funeral del hijo de unos amigos que se había pegado un tiro en la cabeza. Esta misma semana, mi hijo llegó del colegio abatido, no había dormido la noche anterior, porque se había enterado de una terrible noticia, Zaria, su amiga de Estados Unidos, de 14 años, se ahorcó en Texas. Hablar de ello aún le resulta imposible.

EL TESTIMONIO DE MARíA BALES

Una de mis mejores amigas, acaba de pasar por una terrible experiencia en Hawái. Su hijo trató de cortarse la garganta justo antes de la graduación de High School. Después de ser atendido en urgencias, volvió a intentarlo tomando pastillas. Nick, el hijo de unos amigos que tenemos en común desde que vivíamos en Colorado, se suicidó hace unos meses. Su madre, María Bales, quiso conceder esta entrevista a DIARIO DE AVISOS porque no quiere que la muerte de su hijo haya sido en vano. Hablar de este tema es necesario, según Bales, para acabar con los prejuicios sobre enfermedades mentales y poner soluciones sobre la mesa”.

-María, ¿cómo empezó todo?
“Mis dos hijos han estado lidiando con problemas de salud mental. Mi hijo Taylor, desde cuarto de primaria empezó a decir que no se sentía seguro en el colegio, por lo que empezó a ir a terapia, al igual que mi otro hijo, Nick, quien en middle school (ESO) odiaba ir al colegio tanto que los domingos por la tarde no podía tolerar la ansiedad que le causaba empezar nuevamente la semana: se llegaba a enfermar del estómago. Decidimos cambiarlos de centro, y ponerlos en uno privado y las cosas mejoraron un poco, pero nunca se les acabó de ir la aprensión. Ahí empezamos a darnos cuenta de que Nick estaba luchando contra una depresión, y empezamos a ir como familia al psicólogo. Nos dimos cuenta de que la depresión no afecta a todo el mundo por igual, y aprendimos que las enfermedades mentales son muy dolorosas, tanto que hay quien decide poner fin a su vida”.

-¿Cómo era Nick?
“Nick era un chico de 17 años, que lo tenía todo, muchos amigos, una novia, una familia acomodada que lo quería; atlético y guapo; dulce y al que le gustaba hacer felices a los demás”.

-¿Hubo alguna señal que te hiciera pensar que esto podría ocurrir?
“Estábamos muy unidos, y aun así ni siquiera yo entendí hasta qué punto estaba sufriendo. Estoy sentada en su cama, en su cuarto. Estoy mirando a algunos de sus dibujos y me doy cuenta de que yo pensaba que eran expresiones de arte y ahora veo que eran parte de lo que estaba en su mente. No me di cuenta de lo serio que era. Un día, recogiendo su habitación descubrí su diario bajo la cama y lo leí, en él decía que no sabía cuánto tiempo más podría resistir, continuar en este mundo, y terminaba con una plegaria. Le pregunté qué estaba pasando, le dije que estaba asustada y preocupada por él, y le pregunte que si estaba pensando en quitarse la vida y me dijo que no. Me lo juró, me lo prometió… “Nunca me quitaré la vida, tengo mucho por lo que vivir”. Cuando rompió con su novia, mi marido y yo estábamos aterrorizados, porque sabíamos que estaba muy enamorado de ella, pero todo aparentaba estar bien. Era una máscara, y nos lo creímos. Parecía que ya estaba empezando a salir del bache e incluso que se habían arreglado entre ellos. Se veía muy feliz”.

-¿Qué ocurrió?
“Cuando entré en su habitación, me quedé absolutamente en shock. No me podía creer que había perdido a mi hijo. No había nada que yo pudiera hacer, era demasiado tarde… (María empieza a llorar) La razón por la que quiero hablar sobre esto es porque me hubiera gustado que alguien lo hubiera hecho por mí. Que alguien me hubiera dicho que hay que hablar con los hijos y estar atentos, porque nunca sabemos bien con lo que ellos están lidiando, y si sabemos que están pasando por una enfermedad mental, hay que estar muy cerca de ellos. Esta generación se está encontrando un mundo muy difícil, el nivel de exigencias que le imponen los padres, la sociedad, las redes sociales, el futuro, es una carga muy pesada para ellos. Esa exigencia de que los hijos tienen que ser perfectos, es excesiva. Desde que esto pasó y muchas familias se enteraron de lo de Nick, hay padres y madres que me han dicho que están buscando ayuda para sus hijos, pero hay que hacer algo, porque en Estados Unidos el acceso a tratamientos de salud mental es muy caro. Nosotros tuvimos los medios, para la mayoría no, y hay que terminar con el estigma, para que entendamos todos el daño que esta sociedad está causando”.

-¿Cómo ha cambiado la muerte de Nick sus vidas?
“Se nos ha ido la alegría de vivir. Nos gustaba viajar en verano a una casa que tenemos en Florida, pero mi marido ya no quiere ir a esa casa sin Nick. No queremos ir a ninguna parte sin él. Íbamos a los partidos del All Star Game in julio, ya no iremos. Ahora siempre estoy en casa. Mi hijo de 14 años está tratando de asimilarlo, pero no puede hablar de lo que pasó. Yo duermo en la cama de mi hijo, no he vuelto a dormir en la mía desde que ocurrió. Mi marido quiere que vuelva a nuestro cuarto (María no puede contener el llanto), pero siento que lo estaría abandonando… Yo siempre lo iba a ver antes de irme a dormir, y aquella noche no lo hice, porque me mandó un mensaje de texto a las 11.30 de que llegaba a casa un poco más tarde, lo escuché llegar a medianoche… La única noche que no fui a verlo… por eso no quiero dejar su cuarto, quiero que sepa que estoy aquí, que estoy aquí… Yo solo quiero que ninguna madre, ningún padre se tenga que sentir como yo me siento ahora, que se puedan evitar este dolor. Yo nunca pensé que nos pasaría a nosotros, asumí que no era tan grave, y me equivoqué, y quiero enviar este mensaje para que lo tomen en serio y que se hable de esto”.

María entró en la habitación de su hijo la mañana del 29 de septiembre de 2018, el día de su cumpleaños, y fue ella quien lo encontró sin vida. Nick había empezado una página de internet para crear conciencia sobre la depresión y las enfermedades mentales, incluso antes de morir. Su madre continúa ahora su legado para que ninguna familia tenga que llorar una tragedia que tal vez, eliminando los tabús, se hubiera podido haber evitado.

diario de avisos

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