La carta de suicidio del menor del Ciudad de Jaén: “Te acercabas, me hacías la vida un infierno»

En esas líneas, Andrés describe el infierno que tuvo que vivir tras sufrir meses de acoso por parte de uno de sus compañeros de clase. 

El lunes pasado, Andrés, un estudiante de 16 años, decidió acabar con su vida y finalizar con el sufrimiento que llevaba padeciendo desde que decidió mudarse a Madrid, junto a su madre y a sus hermanos. El joven se trasladó desde A Coruña para iniciar una nueva vida en la capital y se matriculó en el Instituto Ciudad de Jaén, en Orcasitas. Un momento, que según podemos conocer ahora, no fue fácil para él, debido a la separación de sus padres, a un desencanto amoroso y los difíciles momentos que pasó en el centro educativo. 

El propio Andrés le contó a su profesora, el pasado 26 de marzo, las seis horas de «infierno» que tenía que vivir a diario. Justo la jornada que coincidía con sus horas en el colegio. Este hecho, junto a los tres folios que posee la Policía Nacional donde el joven relata los hechos, fue clave para que los agentes interrogaran a los alumnos y detuviesen a un joven de 17 años, supuestamente quien le hacía la vida imposible a Andrés. El día 1 de abril, el joven se tiró desde el sexto piso de su casa en Usera, un día después de que el detenido le robara las llaves y el móvil. 

El Mundo ha publicado en exclusiva la carta que ya adelantamos en EL ESPAÑOL. En la misma, Andrés relata con detalle el infierno que vivió en estos últimos seis meses; cómo su compañero le hacía la vida imposible, así como las reflexiones que le surgían sobre el suicidio. Una idea, que como él mismo ha comentado, le rondaba desde febrero de este mismo año: «Me daban ganas de llorar en el mismo instituto, pero me mantuve fuerte. Me di cuenta que no podía más. Y me dije ¿tengo que estar así siempre?». Unas palabras desgarradoras, donde las fuerzas van flaqueando: «Me di cuenta de que no tenía fuerzas para seguir en esta vida, así que después de meditar me di cuenta de que había una sola salida para mi. Una que pensé que nunca tomaría: el suicidio». 

Carta de suicidio.

«Hola, mi nombre es Andrés y si estás leyendo esto es porque me habré suicidado y querréis saber por qué lo hice. Bueno, he de decir que la idea de suicidio lleva rondándome desde el 2016, pero siempre fue algo que desaparecía al instante hasta ahora. Sé que el 2016 fue un año horrible para mi, tenía que aguantar las burlas y las mofas de mis compañeros, las malas notas y un poco de estrés, pero nada más. Era algo con lo que podía convivir, pero luego vinieron dos años estupendos donde conocí a mis amigos, caía bien a la gente. Me levantaba, tristemente, sin saber que serían mis últimos y mejores años. Hubiera aprovechado mejor mi tiempo, es una lástima. 

Cuando vine aquí a Madrid sabía que sería duro, pero me hice una imagen de lo que vendría. Siempre quise que no pasara esto, que todo saliera bien, pero mi mala suerte siempre me acompaña. El caso es que todo empezó bien hasta febrero de 2019. Cuando todo caía en picado, apareció mi típico estrés por los exámenes. Pude conllevarlo, pero también tuve que lidiar con todos mis amigos que estaban lejos. Tuve que afrontar el hecho de no poder hablar con mi novia porque su padre me odia y se lo prohibió. Esto fue un golpe duro, pero tuve que aguantar 6 horas en las que poco a poco comenzaba a tener miedo. 

Ese era mi miedo cada noche. Sabía que estaba solo en esta batalla y que nadie me ayudaría. Pero, en serio, ¿creíste que tus palabras no me hacían daño? ¿qué tus bromas alguna vez me hicieron gracia? Vine a ese instituto con el fin de enfocarme en mis estudios, pero parece que no funcionaría. No lo entiendo, todo el rato fui un chico que no molestó a nadie, ni siquiera te molesté a ti. Entonces, ¿por qué siempre te acercabas para tratar que mi vida fuera un infierno? Yo, después de eso, me rompí. Quizás a veces me daban ganas de llorar en el mismo instituto, pero me mantuve fuerte.

No lo hice. Aguanté todo, pero me di cuenta que no podía más. Viendo mis opciones, no sabía qué era peor porque cada día iba a más. Y yo me dije: ¿tengo que estar así siempre? ¿viviendo con temor y no pudiendo dormir cada vez que venga un tío así? El hecho es que me di cuenta que en este punto de mi vida, no me vi futuro. Solo vi un oscuro agujero negro y ya no me enfocaba en mis estudios por culpa de él. Me sentía perdido y un día lo decidí. 

Decidí que me merecía vivir una mejor vida ya que siempre tuve que acallar a mis propios deseos. Es por eso que nunca me quise ir de A Coruña, quería acabar ahí mi último año y tener una nueva vida aquí. Pero no, al final no pudo ser y me lo tuve que tragar.

Ya estoy harto de tener que ir por baches y solo tengo 16 años, no quiero ni imaginar lo que vendrá, porque sé que vendrán cosas peores. El hecho es que me di cuenta de que, pasara lo que pasara, mi vida sería un infierno por dos meses más o por años… También me di cuenta de algo que me horrorizó: cuando me insultó y me iba a pelear con él no sentí rabia como en otras veces; sentí miedo y temor. Ahí fue cuando me di cuenta de que no tenía las mismas fuerzas que hace años y, por Dios, solo han pasado dos y ya me encuentró así, sin fuerzas. Me di cuenta de que no tenía más fuerzas para seguir en esta vida, así que, después de meditar, me di cuenta de que había una sola salida para mí. Una que pensé que nunca tomaría… el suicidio.

Y ahora, madre, padre, os quiero mucho y perdonadme por el dolor que os provocaré. Adiós, familia, amigos, a todo que me caía bien, os extrañaré. Pero tengo que hacerlo. Ya no quier vivir más vida. La odio.

Pueden llamarme valiente, cobarde, exagerado, no me importará. Por fin, algo que me digan no me dolerá más, y ahora voy a hacer lo másdoloroso en mi vida para alcanzar mi último objetivo: descansar en paz.

A ver si mamá tiene razón y Dios existe.

Bueno, adiós. Adiós a todos. Y no se olviden de devolver mis libros de la biblioteca de Orcasitas. Se me olvidó hacerlo.

Ahora sí, adiós, familia, adiós, amigos y, sobre todo, adiós a ti, Boba».

Pese a esta carta, la Comunidad de Madrid señaló que el centro educativo no había activado ningún protocolo de acoso. En cambio, sus compañeros han afirmado que la tutora era conocedora de los hechos. El colegio siempre ha evitado calificar el caso de acoso y ha aludido que este problema estaba relacionado con sus desengaños amorosos y la separación de sus padres, a pesar de que esto se produjo hace 17 años. 

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