Hablar del suicidio adolescente es una manera de prevenirlo

Ayudar a canalizar las preocupaciones. Padres, tutores y profesores tienen un rol fundamental para ofrecer el diálogo adecuado a los adolescentes que se convierta en un espacio donde compartir sus problemas

Casi la mitad de jóvenes de entre trece y diecisiete años que vieron la serie 13 Reasons Why (Por trece razones), de la plataforma en línea Netflix, y que han sido tratados en centros de emergencia psiquiátrica aseguran que la serie aumentó su riesgo de suicidio.

Así lo revela un informe publicado ahora por la revista especializada Psychiatric Services que ha elaborado la Universidad de Michigan en Estados Unidos.

El informe analizó la respuesta de los adolescentes en una encuesta realizada en los últimos meses, encontrando que la mitad de los jóvenes que participaron había visto el programa transmitido por internet. De éstos, el 48,8% manifestó que la historia había «aumentado sus riesgos de suicidio».

La serie narra la historia de una adolescente de diecisiete años, Hannah Baker -interpretada por la australiana Katherine Langford- que se suicida después de meses de sufrimiento. Antes de morir, Baker graba trece cintas para que las escucharan las personas que, según ella, influyeron en su decisión fatal.

Los investigadores de la Universidad de Michigan aclaran, no obstante, que su estudio no establece «una relación directa» entre el programa de Netflix y el aumento de suicidio entre los adolescentes, aunque sí muestra que el serial influye en los jóvenes en riesgo.

«Nuestro estudio no confirma que el show esté aumentando el riesgo de suicidio, pero sí confirma que, definitivamente, deberíamos estar preocupados sobre su impacto en jóvenes impresionables y vulnerables», dijo Victor Hong, director de Servicios de Emergencia Psiquiátrica de Michigan Medicine y director del informe, en declaraciones recogidas por la agencia EFE.

Los resultados ponen sobre la mesa dos consideraciones: la primera es la influencia de series de ficción en los adolescentes en etapa de formación, y la responsabilidad que tienen sus creadores para, más allá de buscar el legítimo éxito, asegurar que el contenido no genera un impacto no deseado (que aunque sea involuntario no exime de responsabilidad).

El segundo es la responsabilidad de los padres, tutores y profesores de los adolescentes cuyo acompañamiento a los jóvenes es necesario. No para prohibirles la serie sino para explicar, para estar seguros que los menores de edad tienen la capacidad y el conocimiento para comprender y discernir entre ficción y realidad; y, sobre todo, para ofrecer el espacio de diálogo que sea una puerta a hablar de sus problemas, sus preguntas y sus preocupaciones, y que estas se canalicen adecuadamente.

El suicidio aún es un tabú para la sociedad, pese a que al año se registran más de 800.000 muertes en el mundo y es la segunda causa de fallecimiento en jóvenes entre quince y veintinueve años, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Muchos más intentos

En Estados Unidos es la segunda causa principal de muerte en personas de entre 15 y 34, según el National Mental Health Institute. Más aún: por cada persona que se suicida, según la OMS, hay veinte que lo intentan.

«Muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicos», dijo la OMS el pasado 24 de agosto sobre el suicidio, que pidió se sea tratado como «una prioridad de salud pública».

La popular serie de Netflix puede ser una buena herramienta para que se hable del tema, para abrir esos espacios de diálogo y confianza entre adolescentes y adultos, y conseguir cambiar estas cifras. Cada uno debe asumir su responsabilidad.

DIARI DE TARRAGONA

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