El suicidio de un joven en Tui

El suicidio es un acto íntimo y personal en una vida particular, única e irrepetible. Un acto articulado a la naturaleza humana, a la condición de seres hablantes, que pueden pensar en su muerte y por ello dársela.

Es una elección insondable. Sin embargo, un acto tan definitivo, tan radical, conmueve a la comunidad educativa de un centro escolar, pues es difícil encajar un atentado contra la vida de uno mismo en una época y lugar donde la vida tiene un valor sagrado, pues en la vida hay algo que no se domina. El suicidio se presenta como una objeción a los ideales de felicidad, siendo impensable que alguien rechace la promesa de felicidad que se sustenta en la sociedad.

Hoy, influidos por una excesiva generalización del discurso científico, dominante en nuestra época, queremos pensar que nuestros actos obedecen siempre a un cálculo racional, por eso pretendemos modelos de acción tipo gestión: gestión de las emociones, del cuerpo, de las relaciones, regulado y racional, presuponiendo que siempre queremos nuestro bien. Pero desde la clínica se percibe algo, algo formalizado por Freud y Lacan, y es que en nosotros habita una tendencia ineliminable que nos empuja a veces a buscar una satisfacción paradójica en la repetición del sufrimiento, como por ejemplo buscar satisfacción en drogas que conducen a la muerte o buscar el amor en quien nos maltrata.

El acto suicida es opuesto al ideal de conducta racional, por eso abre preguntas difícilmente contestables. ¿Pudimos evitarlo?, ¿se podría haber prevenido?, ¿quién es el culpable? Las razones que empujan a ese acto son muy diversas y muchas veces desconocidas para el propio sujeto. Puede ser una manera de dejarse caer al no encontrar sentido a la existencia; a veces es la única salida ante una certeza delirante, otras un sentimiento íntimo de indignidad, dándose una dignificación a través de una solución extrema; no olvidemos que en situaciones de máxima debilidad o vulnerabilidad las respuestas son las más radicales.

El planteamiento preventivo es bien intencionado; no obstante, dado que los motivos y circunstancias son muy variados no puede hablarse de un perfil suicida, ni conviene instaurar clases de sujetos. Quizá si tratar esas llamadas de atención, ayudándoles a vencer la resistencia a saber qué representa el intento, en qué situación se produjo, qué palabras usa y qué pretende con ese acto. Dar lugares de palabra para tratar el malestar y responsabilizarles del acto.

M.ª Eugenia Insua es Psicóloga clínica y psicoanalista

LA VOZ DE GALICIA.ES

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