Suicidio por policía: la causa de la muerte del ‘yihadista’ de Cornellá es habitual en Estados Unidos

El primer caso documentado con este modus operandi fue perpetrado por un hombre que amenazó a la policía con ejecutar a los rehenes si no le mataban

El perfil más habitual suele ser el de un varón con problemas mentales que ha manifestado claras tendencias suicidas en el pasado

La muerte de Abdelouahab Taib tras ser abatido por una Mossa en Cornellá podría ser, de confirmarse la versión de la jueza de instrucción, el primer ‘suicidio por policía’ (‘suicide by a cop’, en inglés) conocido en España. Una práctica inédita en nuestro país que, sin embargo, resulta habitual en Estados Unidos hasta el punto de que, según un informe publicado en el Journal of Forensics Study, el 36% de las personas asesinadas por la policía en el país, más de 350 casos al año, buscaban su muerte a manos de un agente, entre los que un 57% estarían premeditados según el Police Policy Studies Council.

A las 11:30 de la mañana de 17 de junio de 1981, William Griffin bajó las escaleras de casa de sus padres en Rochester (Nueva York) con una escopeta. Sin previo aviso mató a su madre y a un manitas que estaba haciendo arreglos en el domicilio. También disparó a su padrastro, al que dejó malherido y abandonó pensando que ya era cadaver.

Tras cobrarse sus dos primeras víctimas mortales, caminó dos manzanas hasta el banco, pidió a los clientes que se marchasen y tomó como rehenes a los nueve empleados.

La policía respondió al aviso pensando que se trataba de un robo. Cuando los agentes llegaron para hacer frente a la amenaza, Griffin respondió que abriendo fuego en repetidas ocasiones e hirió a dos de ellos, además de a seis viandantes que se encontraban en los alrededores.

Tras el tiroteo con la policía, Griffin llevó a sus rehenes a una sala y ordenó al encargado llamar a la policía para hacerles llegar sus demandas: «Si no entran al banco y me ejecutan en una hora y media [a las tres de la tarde] comenzaré a lanzarles cadáveres». Griffin se negó a negociar con las autoridades. Cuando dieron las tres de la tarde ordenó a una joven cajera -que en repetidas ocasiones rogó por su vida diciendo que era madre soltera de dos niños- colocarse entre las puertas de cristal a la entrada del banco y le descerrajó dos cartuchos de escopetade forma que la policía presenciase la ejecución.

Entonces, Griffin cruzó el lobby y se colocó junto a una gran ventana situada frente a una iglesia a sabiendas de que ahí se encontraban apostados los francotiradores de la policía ofreciéndoles un tiro fácil. Tras matar a la cajera, Griffin sabía que el protocolo ordenaba disparar a matar. El tirador recibió luz verde y Griffin se desplomó tras recibir un balazo en la cabeza.

Así resume los hechos un informe del FBI, titulado Suicidio por Policía, escrito por el agente especial supervisor Clinton R. Van Zandt. Un documento que sirvió para acuñar este fenómeno que en EEUU no ha dejado de crecer.

En las pesquisas posteriores, los agentes descubrieron un diario que Griffin había llevado durante 13 meses. Los psicólogos encontraron indicios de un comportamiento psicótico. Al igual, que en el caso de Taib, Griffin se encontraba profundamente perturbado por pensamientos de carácter religioso que chocaban con su modo de vida. En un capítulo de sus escritos titulado «Algo para el Papa», Griffin detallaba que su plan consistía en «entrar a un banco del vecindario y pedir al sheriff y la policía que tomasen mi vida por no permitirme una posición de libertad aquí, en los dominios de este mundo».

Según el FBI, Griffin, «hizo todo lo necesario para asegurar el éxito de su plan, incluyendo ejecutar a una inocente» en lo que consideran «que no se trata de un crimen ordinario sino de un suicidio cuidadosamente planeado por parte de un hombre que quería ser asesinado por la policía».

El suicidio por policía fue definido a partir de entonces por el FBI como «una forma de comportamiento manipulador en la que la víctima precipita su propio homicidio».

El perfil del suicida por policía es varón, entre 18 y 54 años, que verbaliza su deseo de que la policía le mate, porta un arma real y cuenta con un historial psiquiátrico con tendencias suicidas y violentas. Sin embargo, no todos ellos están dispuestos a hacer daño.

En un 10% de los casos dejan una nota de suicidio disculpándose y buscando aligerar la carga moral del agente. Un porcentaje idéntico a los que usan un arma descargada o de imitación. «Lo siento, no tuve valor para apretar el gatillo por mí misma», rezaba la nota de suicidio de una mujer acribillada tras dirigirse educadamente a un agente en California, desenfundar su revolver y apuntarle al torso esperando una respuesta letal.

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