Internet, un arma afilada para los jóvenes suicidas

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Se incrementan las muertes entre los adolescentes y los expertos advierten del peligro de páginas que animan a quitarse la vida

 

Carlos Soto y Olga Ramos se quedaron «sin suelo bajo los pies» hace dos años, cuando su hija Ariadna decidió terminar con el sufrimiento que le superaba. Primero ingirió un bote de pastillas y a continuación se tiró por la ventana de su habitación. La buena relación que existía en la familia terminó con una carta, «hecha con tanto cuidado, con tanto amor», recuerdan sus padres en el salón de su casa, en Madrid.

El suicidio de Ariadna se suma a los 3.602 casos que se contabilizaron en España durante 2015 (las últimas cifras disponibles). En 2014 se registraron hasta 3.910 muertes, la cifra más alta desde que hay estadísticas disponible. Sólo en Madrid, 345 personas se quitaron la vida ese mismo año. Casi 10 suicidios por día, según recoge la Fundación Salud Mental España (FSME).

La reciente muerte de Miguel Blesa ha reavivado el debate en torno al suicidio. España tiene una de las tasas de suicidio más bajas de la UE, pero no es inmune a la presión social que, especialmente bajo el amparo de las nuevas tecnologías, en muchas ocasiones azuza este fenómeno.

Los que más se suicidan son los varones españoles de entre 40 y 60 años, pero son los casos de jóvenes y adolescentes los que más han aumentado en la última década. Los datos disponibles hacen del suicidio la primera causa de muerte no natural en nuestro país. El riesgo se intensifica entre los adolescentes especialmente con internet.

«Esto no me puede estar pasando a mí», pensaba Olga, en pleno shock emocional tras lo ocurrido. Su nueva vida comenzó con la siguiente pregunta: «¿Qué sabes del suicidio?». Tras la ansiedad de los primeros meses, llegarían las respuestas gracias a la Asociación de Familiares y Allegados en Duelo por Suicidio (FAeDS) de Madrid. Ella y su marido trabajan ahora en este colectivo. «¿Cómo puede ser que sepamos cosas sobre las drogas o la seguridad vial y no sepamos algo sobre lo que es casi la primera causa de muerte entre los jóvenes?», cuestiona Olga.

El ‘cibersuicidio’

Las redes sociales han disparado las posibilidades comunicativas, pero también el descontrol. El resultado es el llamado cibersuicidio, como se define a «la acción de quitarse la vida, motivada por la influencia de páginas web con contenido de ayuda, influencia o motivación para cometer suicidio, salas de chat y foros de internet». La definición es del último estudio de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (AIPIS). En estas páginas, los chavales que se sienten solos e incomprendidos acuden a comentar sus pensamientos. En ellas se pueden leer mensajes como: «Quiero suicidarme sin dolor. ¿Podéis ayudarme?».

El acceso a estas líneas es completamente abierto, también para los españoles de entre 15 y 19 años, el colectivo más afectado por este tipo de ideas. Entre 2007 y 2014 se ha pasado de 31 a 59 casos de suicidio anuales, casi un 50% más en siete años.

«No hay una sola causa», recuerda Olga. Es multifactorial, como señala la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en un informe dice que, aunque existe «un vínculo con los trastornos mentales, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis», como «los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicas».

Para realizar un diagnóstico a tiempo, las nuevas tecnologías pueden ser la llave que lleve a hablar de ello «en toda su extensión, pero con responsabilidad», según apunta el psicólogo Luis Fernando López Martínez, autor del estudio Suicidio, Adolescencia, Redes Sociales e Internet de AIPIS. En este estudio, se demuestra «la sencillez con la que se puede encontrar información prosuicida en las redes sociales e internet».

Los recursos

Pero la solución no pasa por la prohibición y cierre de estos foros, sino fomentando iniciativas como el Proyecto Life! de la Universidad de Alicante. El Grupo de Procesamiento de Lenguaje y Sistemas de Información ha desarrollado herramientas que analizan los mensajes de Twitter e Instagram para «detectar las emociones y sentimientos expresados en la red».

José Manuel Gómez, director del proyecto, asegura que ahora están «en fase de investigación», pero sus herramientas previas -Social Ranking y Social Analytics- ya en funcionamiento, han tenido resultados positivos. Ahora intentan que, cuando alguien escriba un mensaje que pueda reflejar depresión o ideas suicidas, la herramienta automáticamente lo detecte. Tras su análisis, el sistema avisará a organizaciones como AIPIS o el Teléfono de la Esperanza, para que los expertos puedan contactar de forma anónima con el autor.

Desde FAeDS y asociaciones como AIPIS tratan de actuar también en los colegios, haciendo llegar a docentes y alumnos guías para detectar a tiempo posibles riesgos en el aula. Los padres de Ariadna sostienen que el de su hija «era el sexto caso de ese instituto en seis años. Nadie sabía nada. No lo decían. Nos enteramos que había habido varios intentos a raíz de esto».

Otro tipo de ayuda es la de Prevensuic, la primera aplicación en español para la prevención del suicidio, conducida por Andoni Anseán, presidente de la Sociedad Española de Suicidología y de la propia FSME. La herramienta, lanzada en septiembre de 2015, conjuga información para los afectados por ideas suicidas, los familiares y allegados de éstos, y los profesionales sanitarios; entre ellos, 5.000 médicos de Atención Primaria.

Desde lo que fue su primera necesidad, Carlos resume su función dentro de FAeDS: «Tenemos que ser receptivos. Es decir, educar y escuchar. No poner el grito en el cielo si alguien me dice que se quiere morir. Los jóvenes tienen problemas y, además, sí están dispuestos a hablar del suicidio. Quieren saber», resalta.

Ahora sólo les queda aprovechar lo que tienen por delante: una vida que su hija escogió por ellos aquella tarde. Les queda seguir luchando. Aprovechar esa vida. Sin rencor. Fortaleciendo la memoria de Ariadna a través de su ayuda a otros supervivientes. «Ella nos pidió que no sufriéramos, que la perdonáramos», cuenta Carlos. «Que estuviéramos bien. Eso es lo que intentamos».

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