Andoni Anseán, presidente de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio: «Galicia ha sido pionera, pero a nivel estatal nunca se hizo nada»

«Si no somos conscientes, no lo vamos a solucionar; y quizás pasen 30 años hasta normalizar la prevención», lamenta

Andoni Anseán Ramos (Vitoria, 1966), psicólogo, preside además la Sociedad Española de Suicidología. Da la impresión de que intenta cruzar un océano embravecido con apenas una chalupa y dos remos. Sin embargo, en la tempestad no varía el rumbo. El esfuerzo merece la pena.

-¿Cómo es posible que trabajen sin una sólida base de datos?

-Está todo el mundo muy despistado. Y con el coronavirus tampoco se hacen muchas autopsias. No tenemos forma de disponer de datos fiables. Y eso que en Galicia el Imelga es de los que mejor funcionan…

-Insisto. ¿Cómo se ha llegado a este nivel de ocultación?

-Las muertes por suicidio tampoco han importado mucho. Llevamos 70.000 en lo que va de siglo y a nadie le ha preocupado. Es un tema olvidado y ocultado. Que no nos faciliten los datos actualizados no cambiará nuestra actitud.

-Ni con la pandemia.

-Ahora ha salido el tema precisamente por la pandemia, pero en España hay datos con múltiples variables desde 1906. Hoy son más escuetos, pero más fiables. ¿Alguien se ha preocupado?

-El tabú parece imponerse.

-Si no somos conscientes de un problema, no lo vamos a solucionar. Hay que preocuparse y ocuparse. Porque es un problema humano, social, sanitario y colectivo. Como la violencia de género. El tratamiento que se le daba hace veinte años, ahora sería impensable.

 

-¿Hay salida en esta espiral del silencio?

-Lenta y progresivamente, algo está cambiando en la prevención de la conducta suicida, a partir de ciertas situaciones, por temas adyacentes como la crisis, la pandemia. Las comunidades van tomando conciencia. Los medios ayudan a la visibilización y sensibilización, sin sensacionalismos.

-¿Son eficaces los programas de prevención?

-¿Y los de violencia de género, con todo el despliegue judicial? Es que no se miden de esa manera. Y como no tenemos datos… Tenemos hasta apps móviles, pero no se pueden medir como métido de valoración. Esto no va así. Lo importante ahora no es diseñar grandes investigaciones analíticas sobre la efectividad de los programas. ¿Qué programas? Si no existen o están en pañales. Primero tenemos que sensibilizar y concienciar, después poner a andar esos programas, y luego ya veremos la eficacia, que pensar en ella es ciencia ficción ahora mismo.

-¿Son insuficientes los recursos?

-Es que no estamos ni en la pantalla de valorar los recursos. ¿Cuántos hacen falta? Es que no hay ninguno. ¿Pero cuántos psicólogos hay a disposición de esta materia?

-Entonces, ¿cuál es su margen de maniobra?

-La concienciación comienza por saber cuál es el problema. Empezando por los institutos. Les dices las cifras a los jóvenes y se quedan petrificados. Y ya ni hablamos de actos o pensamientos, solo de muertes consumadas. Hay que ser consciente de ello. ¿Cómo es posible que optemos por la táctica del avestruz o no ver el elefante dentro de la habitación? No sabemos si es que no interesa, o es el reproche moral (explícito o implícito) o algo cultural. A las asociaciones no nos interesan las muertes privadas, sino el suicidio como fenómeno. Quizás haya que esperar treinta años para que se normalice la situación, ese es el reto. Desde el 2015, nosotros publicamos el informe del Observatorio y se lo enviamos a las autoridades.

-¿Falta ese compromiso de acción?

-Galicia ha sido pionera, pero a nivel estatal, en la historia de España nunca se ha hecho nada específico de prevención, da igual el partido. No es una cuestión sanitaria o de salud mental solo, sino que se necesita un plan integral como el de varias comunidades autónomas. Los socialistas prometieron un teléfono de atención en crisis y no lo cumplieron. Así que solo hay el de la asociación La Barandilla (911385385), el de la Fundación Ayuda y Esperanza (682300003, 682900500 y 681101080) y el Teléfono de la Esperanza (717003717 y en Galicia 981519200). Todos dependiendo de los recursos de las asociaciones.

-Poca cosa parece.

-Es más. Así estamos abocados al fracaso y se refuerza el estigma, la vergüenza social. Hay que crear un caldo de cultivo basado en la confianza. Hay muchas derivadas que van más allá de la estadística..

-Y en plena pandemia.

-Los intentos se redujeron en el confinamiento por imposibilidad material porque en la calle había más control y el domicilio actuó como protector. Pero se acumulan en los meses posteriores.

La voz de Galicia