“Estamos alejándonos de los que están cerca y acercándonos a los que están lejos”

Advierte que las redes sociales son un arma de doble filo porque crean un modelo de felicidad permanente ya que “nadie publica una foto cuando está llorando o triste”

MIGUEL Guerrero es psicólogo clínico. Así que tiene autoridad profesional para aconsejar. Y una de sus recomendaciones es que las redes sociales sean complementarias de la relación afectiva directa, del cara a cara. Dice también que los niños pueden participar en juegos on line, pero que deben echar partidos de fútbol con los amigos, no sólo para hacer ejercicio sino para aprender a socializar.

–¿El estilo de vida moderno favorece los problemas psicológicos y mentales?

–Salud Mental es un servicio de salud, pero también tenemos que tener en cuenta la red social. Y una de las variables, que están muy relacionadas con el trabajo que yo hago sobre el suicidio, es la cohesión social. Los nuevos modelos de familia, de vincularse, las redes sociales están produciendo cambios. Y si tienden a la desestructura y a disminuir la cohesión social parece que la salud mental empeora.

–Dígamelo más claro…

–Cuando hay un sistema de apoyo fuerte, tanto familiar como social, la salud mental se beneficia. Cuando ocurre lo contrario y ahí entra el tema socioeconómico, cuando se desmantelan servicios sanitarios, empiezan los recortes; la salud mental general de la población empeora. Y eso en nuestro trabajo lo notamos.

–Ahora el ciudadano es más anónimo que antes. Complicado para la salud mental...

–Hay que ser prudentes, la sociedad está en constante cambio y no debemos demonizarlo. Hay estudios en Norteamérica que dicen que los niños de familias monoparentales tienen peor salud física y mental, peor rendimiento académica que aquellas en las que los padres biológicos están casados.

–Pero depende de las familias…

–Sí, claro. Hay padres que viven juntos toda su vida y pueden hacer más daño a la salud mental del niño que padres separados. No está tanto en la separación o no, o en el tipo de estructura familiar, sino en que haya una comunicación y un vínculo de amor. Cuando hay una protección y una seguridad y las necesidades de las personas están cubiertas por estos vínculos, da igual el tipo de estructura familiar que haya. Pero eso lo vamos a ir viendo con estudios prospectivos.

–Ahora teóricamente estamos más comunicados, pero…

–Pero la gente se siente más sola, parece que sí. Es la frase de que estamos alejándonos de los que están cerca y acercándonos a los que están lejos. En la consulta hay pacientes que me lo dicen. En España, hay un millón de hogares donde vive solamente una persona. Eso está condicionando mucho la salud mental. Yo diría que es un factor nuclear en la aparición de trastornos mentales, la vivencia de soledad y la falta de apoyo.

–¿Las redes ayudan o no?

–Yo no tengo Facebook, ni Instagram. La tecnología tiene sus ventajas, pero condiciona mucho sobre todo a la gente más vulnerable, que pueden ser los adolescentes. Ese modelo de felicidad constante, a diario publicando fotos cuando están de vacaciones, contentos, con grupos. Nadie publica una foto cuando está llorando o triste. Se están transmitiendo modelos que pueden ser desviados de la realidad del día a día. Y hay personas que pueden llegar a pensar que la tónica habitual es estar feliz y alegre. Eso nos preocupa por la gente vulnerable…

–Porque la vida no es siempre la foto de las vacaciones…

–Exacto. Esa es la excepción. El día a día son momentos de tensión, ansiedad, preocupaciones, rumiaciones, que se mezclan con momentos felices, pero que son efímeros.

–¿Rumiaciones?

–Es cuando las personas estamos dándole vueltas a los problemas, excesivamente preocupados sin darles salida. La rumiación tiene que ver con no afrontar el problema y perder mucha energía. En muchas de las patologías mentales uno de los síntomas es la rumiación. Es coger un pensamiento y centrifugarlo, tenerlo en la cabeza; genera emociones negativas, desgasta a la persona mentalmente, sin darle una salida; que es la diferencia con la reflexión. Nosotros como psicólogos clínicos intentamos que los pacientes analicen, reflexionen, tomen una decisión y se motiven para el cambio.

–¿Con las redes sociales, la comunicación es más…?

–Superficial ¿verdad? Las redes sociales a día de hoy no pueden cumplir esa reciprocidad emocional y afectiva del cara a cara. Es una información superficial, pero el apoyo para pedir ayuda, eso las redes sociales todavía no lo cubren. Nosotros siempre pedimos a las personas que las redes sociales sean complementarias del cara a cara. Los niños ni siquiera juegan como antes, con la videoconsola y varios amigos en la habitación. Ahora juegan on line. Tiene la desventaja de que son comunicaciones muy superficiales. La transmisión de las emociones y los sentimientos, que es lo que te hace sentir el apoyo social, las redes sociales todavía no lo dan. Por eso le pedimos a los padres que el niño sea capaz de interactuar cara a cara, que tenga amigos de apoyo en vivo y que de forma complementaria jueguen on line.

–Que juegue on line, pero que eche un partido con los amigos…

–Y de hecho, casi primero el fútbol. Y el tiempo que le quede, para lo on line. Porque jugar ese partido no es sólo hacer ejercicio, sino aprender a socializar. Ahí es donde aprendemos a resolver los conflictos, a regular nuestras emociones.

–Ha desarrollado Cicerón, un programa pionero de prevención del suicidio ¿Cómo llega a esto?

–Trabajo en las Urgencias psiquiátricas del Hospital Costa del Sol y registrando estadísticas, nos encontramos que el 43% de las urgencias psiquiátricas tienen que ver con las conductas suicidas. Y a eso hay que añadirle las personas en riesgo de suicidio que hay en la Unidad de Salud Mental comunitaria, en los equipos de atención primaria… Al año hacemos unas 800 intervenciones en Urgencias y más de 300 tienen que ver con conductas suicidas.

–La prensa no hablaba del suicidio para evitar el efecto contagio. Eso tiene que cambiar ¿no?

–Para prevenir el suicidio, lo primero es hablarlo. Los medios deben ser agentes de prevención. Hay que hablar del suicidio, pero hay que hablar bien. Porque si no se habla de manera correcta sí se puede producir ese efecto contagio. La actitud conservadora no ha ayudado nada a la prevención del suicidio. Por ejemplo, los accidentes de tráfico… De unos 6.000 fallecidos en 1993 hemos pasado a unos 1.200 en la actualidad por las campañas de prevención de la DGT. Sin embargo, el suicidio desde el 93 hasta hoy no ha variado. Y una de las explicaciones es que no se habla del suicidio. Sacar a los medios de comunicación de esa actitud conservadora para hablar de forma correcta sobre el suicidio sería fundamental.

–¿Qué lleva a una persona a conductas suicidas?

–Es multifactorial siempre. No hay una única condición, hay condiciones personales, sociales… Por eso informar bien ayuda a prevenir. Esas personas deben saber que hay recursos, que no están solas. Deben contactar con un profesional sanitario y el más accesible es su médico de cabecera.

–¿Hay personas más frágiles?

–Hay personas con más factores de riesgo que pueden ser más proclives a las conductas suicidas. El primer grupo de riesgo son las personas con trastorno mental. Pero no solamente el trastorno mental está relacionado con el suicidio.

–Si una persona tiene hipertensión va al médico. Pero no siempre lo hace cuando tiene un dolor emocional y éste puede llevarla al suicidio. ¿Se minisvalora la salud mental?

–La gente le da importancia, pero nuestra cultura no le da la relevancia que tiene al dolor mental. Además, no se puede medir, como la hipertensión o la diabetes. ¿El grado de sufrimiento de una persona cómo se calibra? Además, es muy subjetivo. Hay personas en condiciones no muy desfavorables que pueden vivenciarlo con mucho sufrimiento. O lo contrario; hay personas que viven situaciones muy duras y sin embargo son muy resilientes.

–¿Debería haber psicólogos en los centros de salud?

–Yo creo que el psicólogo clínico podría hacer un buen trabajo en ansiedad, depresión, somatización; que son los trastornos más comunes. Sobre todo por la labor preventiva que podríamos hacer. De cada cinco pacientes que acuden a atención primaria, uno lo hace exclusivamente por un problema de salud mental. Cuanto más cerca estemos de la comunidad y, atención primaria es la que trabaja en la comunidad, mucho mejor.

–¿Pero sería sostenible para la sanidad pública tener también psicólogos?

–Habría que ver cuánto gasto farmacéutico se hace en antidepresivos… Y si eso sería o no más rentable que una intervención de psicoterapia. Una intervención temprana puede ser más preventiva. Eso habría que cuantificarlo. Mi impresión es que sería más rentable.

–¿Somos una sociedad no dispuesta a sufrir?

–No queremos tolerar ni dolor ni sufrimiento. Y eso tiene que ver con valores sociales de ahora, porque son bastante modernos. Nuestros padres o abuelos no habrían consultado a un profesional de salud mental por cosas que nosotros sí. Habría que decir que conviene no psiquiatrizar ni psicologizar cualquier cosa. Hay situaciones de la vida cotidiana, como duelos, que toda la vida se han trabajado en la comunidad. Por eso, si no se tiene esa estructura de apoyo, hoy los duelos pasan a ser algo privado y la consecuencia es que tengas que ir a un profesional para elaborar un duelo. Y puede ser un duelo, perder un trabajo, perder la pareja. Cualquier frustración no tiene por qué tener una respuesta sanitaria. Aunque nosotros no cerramos la puerta nadie.

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