Las claves en la negociación con los presuntos suicidas: Nunca hay que romper la confianza

Una psicóloga del Samur de Madrid fue denunciada por la Policía y los bomberos por «exceso de celo profesional» al irrumpir en mitad de una crisis

El debate está abierto, desde que la Policía y los bomberos de Madrid hayan presentado sendas quejas contra la actuación de una psicóloga del Samur, que intentó evitar que un joven se lanzara desde un puente esta semana pasada y sin embargo, el joven se tiró cuando la psicóloga se acercó. La doctora Patricia Alcaraz, experta en medicina legal y en valoración del daño corporal, explica en este articulo algunas cuestiones sobre el suicidio.
Recientemente elcierredigital.com ha publicado una noticia sobre un intento de suicidio y un «error» que podía haber tenido consecuencias fatales. Mientras el suicida amenazaba con tirarse, un agente de policía consiguió establecer con él una comunicación fluida, que, según parece, se cortó abruptamente al entrar en escena una psicóloga del Samur. El hombre se arrojó entonces al vacío, resultando herido tras impactar contra el suelo.
 
 
 
Los comportamientos suicidas generalmente se dan en personas que presentan uno o más de los siguientes factores: Trastornos Psiquiátricos de base (Trastorno Bipolar, Esquizofrenia, Trastorno Límite de la Personalidad, depresión, … Consumo de drogas o alcohol. Trastorno de estrés postraumático. Historial de abuso sexual, físico y emocional. Cuestiones de vida estresantes, como problemas serios a nivel financiero o en las relaciones interpersonales.
Entre los suicidas se pueden distinguirse con claridad tres tipos básicos de comportamientos: El que simplemente quiere llamar la atención de los demás, pero no tiene una clara idea suicida, es decir, no tiene una decisión tomada en ese sentido. No se expone a la muerte, sino que solamente amenaza con ella. La amenaza es justo síntoma de poco peligro.
 
El segundo es quien claramente tiene claro que se quiere suicidar. Ese no avisa y menos aún alarma a su entorno con amenazas, ya que eso puede dar lugar a que se lo puedan impedir, y este tipo de persona tiene claro su objetivo y lo consigue sin dilación. Rápido y eficaz.
 
Y el tercer tipo se ajusta al caso que recientemente ha sido noticia, tal y como refería al inicio. Se trata de personas que sí tienen la idea de quitarse la vida, sin embargo no tienen un convencimiento absoluto de hacerlo, y es ahí, en su falta de pleno convencimiento, en donde queda una pequeña rendija de esperanza que un buen negociador puede explorar y explotar para evitar el suicidio.
Resulta de vital importancia que si alguien del equipo policial o sanitario ha establecido una conexión con el «posible suicida», ésta no se rompa bajo ningún concepto, ya que ese es su único contacto con este mundo, el hilo del que pende su vida. Sólo una persona, el denominado «negociador», puede conectar con ese tipo de personas en esa situación. No se trata de tener un título universitario o no, se trata de no romper la confianza entre el suicida y el agente que puede evitar el suicidio, y que, de hecho, en el caso noticiado, lo estaba evitando, dando a la vez tiempo para que el resto de servicios de emergencia preparasen un operativo al pie del puente por si la persona se tiraba.
 
Es el suicida quien elige en quién confía, a quién le abre su única posibilidad de vivir.
Obviamente, en el caso comentado, nadie obró con mala intención. Al revés, parece que fue un exceso de celo profesional lo que rompió la confianza establecida entre el agente y el suicida, y eso propició el intento de suicidio, que gracias a Dios no se consumó y esa persona ha sobrevivido.
 
La vida le da una nueva oportunidad.
 

Una respuesta a «Las claves en la negociación con los presuntos suicidas: Nunca hay que romper la confianza»

  1. “SE ACABA LA LINDE”
    Sobre la nueva publicación de elcierredigital y el intento de suicidio…

    En primer lugar, quiero mostrar mi respeto y reconocimiento por la labor de los profesionales que actuaron ayer día 4 de Diciembre, en otro intento autolítico en el municipio de Parla.

    Dice una gran psicóloga de emergencias de nuestro país Natalia Lorenzo. Psicología que “Los bomberos no son de teflón” (ampliable al resto de profesionales de la emergencia), sintetizando uno de los factores de riesgo más importantes para los intervinientes: las intervenciones que evolucionan en recogida de cadáveres, en lugar de prestar labores de rescate o sanitarias, y los sentimientos de rabia e impotencia por no haber sido capaces de salvar la vida del paciente.

    Espero y confío en que dichos profesionales se recuperen pronto, o encuentren la ayuda y el apoyo que necesiten para volver a “ponerse a punto”, para prestar la mejor atención posible al ciudadano, y por supuesto, no sufran el escarnio público al que se viene sometiendo a una profesional concreta, así como a su servicio y al colectivo profesional al que pertenece.

    La opinión pública sabe y reconoce la gran labor que desempeñan nuestros profesionales de la emergencia, vistan la camiseta que vistan, y esperamos que cesen los intentos de generar controversia y desencuentro entre nuestros servicios.

    Todos esperamos que el empecinamiento y obcecación injustificada de este medio en publicar las imágenes, a pesar de las recomendaciones de voces expertas, y de la propia OMS, no evolucionen en la reticencia de ningún profesional a intervenir en este tipo de sucesos, no por la gravedad y lo difícil de la situación, sino por si medios de comunicación como éste, luego ponen en entredicho su labor profesional, y tratan de demonizar a algún profesional en particular.

    Lamentablemente seguiremos siendo testigos de este tipo de muertes, si no cambiamos de actitud, y por supuesto, informando de manera responsable. El suicidio no es culpa de nadie, pero es responsabilidad de todos. Este es uno de los “mantras” que se repiten en el mundo de la prevención del suicidio. Y esto tiene muchas implicaciones, como entender que es un fenómeno multicausal, y no atribuir el suicidio en nuestro país a una sola causa como la crisis económica (desde 2000-2017 las cifras se han mantenido relativamente estables, incluso en periodos que no existía recesión económica), ni atribuirlo al clima, o a la custodia compartida, ni tampoco a la intervención de ningún profesional en casos concretos…

    Pero esto pasa por documentarse vaya…, y no se les ve a Uds. por la labor.
    Se advierten nuevamente sus carencias en este intento de hacer pedagogía sobre el suicidio, con tintes rancios, obsoletos y anacrónicos respecto al suicidio: “El único debate filosófico realmente serio, es el suicidio” advertía Albert Camus. Pues bien, Uds. tergiversan el debate en si fulano o mengano ha dicho, o ha hecho tal o cual…

    ¡Qué frivolidad…, y cuán irresponsable es su actitud! Pregunten a voces autorizadas, a los que realmente importan: las asociaciones de supervivientes, qué les parecen sus publicaciones.

    Como veo que no lo han leído y hacen caso omiso, y para que el lector no experto juzgue por sí mismo si se han conducido correctamente, les enumero el porqué los medios no deben divulgar las imágenes que vuelven a compartir con obcecación, o quizá con la finalidad perversa de servirse del dolor ajeno, para aumentar las visitas a su periódico (cuya credibilidad si que “está abierta a debate”).

    • Como ciudadanos, pero especialmente como pacientes, se debe preservar la dignidad y privacidad de las personas afectadas.
    • Asegurar la dignidad requiere que no se hagan públicas las imágenes que puedan dañar la propia imagen, o que puedan agravar el dolor del propio paciente o de familiares y allegados, tales como imágenes explícitas de personas heridas, desnudas o en estado de alarma.
    • Esas imágenes son susceptibles, además, de tener un impacto negativo en el público general, en la medida en que pueden provocar en sí mismas el desarrollo de un trastorno por estrés postraumático.
    • Es fundamental que tanto la identidad de las víctimas y familiares como otros datos sensibles (estado de salud física, salud psicológica, datos de contacto…), no sea revelada a los medios de comunicación sin el consentimiento de las personas implicadas.
    • La cobertura de los medios debe mantenerse en un equilibrio entre proporcionar información sobre lo ocurrido, y no dañar el derecho a la intimidad y dignidad de las personas.
    • El uso de imágenes (sensacionalistas) en las noticias hace que sea más fácil identificarse con ellas. En particular, hay que evitar el uso de fotografías de la localización donde se produjo el suicidio (o el intento), y del método suicida (cualquier método). Uds. no sólo publican el sitio, además escriben la dirección ¿por si alguien quiere dirigirse allí “y probar suerte” o algo?
    • Las investigaciones han mostrado claramente que dar detalles sobre el MÉTODO empleado, por ejemplo dando una descripción detallada de éste, paso por paso; o incidiendo en el nombre y la cantidad de medicamentos ingeridos/usados, puede animar en cierta forma a las personas con ideas suicidas a desarrollar comportamientos similares. Esto ocurre especialmente cuando el método usado es de fácil acceso, pero también sucede cuando el método es “novedoso” y poco frecuente.
    • Lo mismo ocurre con el LUGAR del suicidio. Informar sobre éste incrementa el riesgo de que personas vulnerables realicen actos suicidas. En este sentido, hay que evitar etiquetar estos lugares como “puntos calientes de suicidio”.
    • Investigaciones en Alemania y Suiza han puesto de manifiesto que tras la cobertura por parte de los medios de comunicación de un suicidio en la vía del tren y por precipitación, el empleo de estos métodos se incrementaron significativamente (Kunrath et al., 2010; Reisch and Michel, 2005).

    • Siempre hay que tener en cuenta el efecto que las noticias pueden causar en las personas que han perdido a un ser querido por suicidio. Estas sienten un complejo abanico de sentimientos que mezcla vergüenza, desconocimiento y culpa. Además, estas personas tienen un mayor riesgo de desarrollar una conducta suicida. En consecuencia, se recomienda proteger con especial cuidado a este grupo vulnerable, y respetar sus deseos y privacidad y la privacidad de sus familiares.
    Actualizadas las nociones básicas (20 años después), sobre cómo deberían hacer su trabajo, y analizado el por qué de lo inadecuado de sus publicaciones, creo imprescindible evitar que trasciendan a la opinión pública las ideas trasnochadas y obsoletas que pueden interpretarse de su intento de pedagogía, o sensibilización respecto al suicidio.

    Relacionado con una de las ideas que trasladan en su artículo sobre el mito “el que se quiere suicidar no lo dice”, según la literatura científica, parece que al menos un 80% de las personas que se suicidaron informaron o dieron muestras de ello antes de hacerlo, y la Sociedad Española de Suicidología, recientemente exponía:

    – el 90% de varones y el 100% de mujeres acudieron a su médico de atención primaria (MAP), el año previo;
    – el 75% los tres últimos meses;
    – el 66% el último mes,
    – y el 18% el mismo día que se suicidó.

    Luego parece, que pedir ayuda, si que la piden, pero no sabemos detectarlo.

    Me parece imprescindible hacer público, que cualquier profesional sanitario debería desterrar de manera inmediata de su discurso profesional los términos “llamada de atención” (que lo diga Paquita la abuela octogenaria del 5º en la pescadería es comprensible), pero un profesional sanitario no debería utilizar estos términos a estas alturas, le pese a quien le pese…, ojo con trivializar con “el que simplemente quiere llamar la atención de los demás”.
    Una de las mayores expertas del país sobre suicidio me enseñó: para “llamar tu atención”, una persona te grita, te insulta, te zarandea, te manda mil mensajes…, pero no intenta suicidarse. No son llamadas de atención, son peticiones de ayuda.

    Quizá por reiterativas, quizá por inadecuadas, quizá por aparentar poca intencionalidad suicida real, y por resultar agotadoras emocionalmente, y mantener hipervigilantes a profesionales y a los familiares con la amenaza siempre en ciernes…, etc., conduzcan al error de trivializar estas demandas, e incluso las autolesiones como “llamadas de atención”. En ocasiones y muy lamentablemente estas conductas evolucionan en que alguien que no perseguía darse muerte, “se le ha ido la mano”, o se ha resbalado en una cornisa con consecuencias fatales. El principal factor de riesgo no son las enfermedades que mencionan, son LOS INTENTOS PREVIOS.

    Todos hemos aprendido desde pequeños que la atención de otros será fundamental a lo largo de nuestras vidas para cubrir nuestras necesidades básicas, privar de nuestro cuidado y atención a la persona que sufre, puede devaluar uno de los principales reforzadores para los humanos: ser cuidado/ atendido por otras personas; y puede además, conllevar el riesgo de la escalada en la letalidad del método en el caso de las autolesiones.

    Por otra parte, continúan haciendo pública la anacrónica y cargada de estigma asociación entre enfermedad mental y suicidio ¡la correlación NO implica causalidad!

    Ni todas las personas que se suicidaron tenían una enfermedad mental, ni todas las personas con enfermedad mental se suicidan. Dudo mucho que la población general sepa en qué consisten los diagnósticos mencionados, pero si resulta posible identificar otro factor relevante y de mucho mayor ayuda para la población: la “desesperanza” o incapacidad de las personas para imaginarse un futuro mejor, o una remisión de su sufrimiento, ya sea mental, o físico.

    La persona en riesgo suicida experimenta las “tres íes”: un sufrimiento físico o emocional que considera angustiosamente Insoportable, y unas circunstancias vitales y condiciones de vida Interminables, e Inescapables (cree que la situación que atraviesa no terminará nunca, no hay forma de evitarla o escapar de ella, y cualquier intento previo, o concebido, no será suficiente para eliminar su sufrimiento). Por lo que sólo contempla dos alternativas: seguir sufriendo o suicidarse, luego, el suicidio NO ES UN ACTO DE LIBERTAD.
    Nadie se suicida de felicidad vaya…

    “El 50% de la población general, experimentará tendencias suicidas de moderadas-severas a lo largo de su vida” (Chiles y Stroshal, 2004), y por supuesto: “Para tener un comportamiento suicida, no hace falta tener un trastorno mental” (Pilar Saiz, Psiquiatra).

    Szasz, un psiquiatra de referencia afirma: “Actualmente, la visión del suicidio como manifestación de un trastorno mental, es presentada no sólo como verdadera, sino como beneficiosa tanto para los pacientes, como para el resto de la población”.
    Esta afirmación tiene dos implicaciones: ya no se ve en la actualidad al suicida como un malvado (un pecador, un sádico, o un criminal…, como a lo largo de tantos siglos y como en otras culturas), pero se le estigmatiza al considerarlo como “un loco”.

    Y es que nos viene mucho mejor, y nos deja mucho más tranquilos pensar que esto sólo les pasa a los otros, a ese colectivo ajeno a nosotros de “los enfermos mentales”, o los que “están mal de la cabeza”, y no que nos puede pasar también a nosotros, o alguno de los nuestros, como lamentablemente comprobamos todos los días.

    En cuanto a “lo que precipitó el intento de suicidio”, pues igual que lo de “gracias a Dios no se consumó”, espero que el rigor científico, la fisiopatología del trauma, o el mecanismo lesional…, o la que proceda en este caso, puedan aportar criterios más rigurosos a si el batir de las poderosas alas del Arcángel San Gabriel, los cuernos del Minotauro, o el poder de Odín, fueron lo que evitaron el fallecimiento en este caso…

    Recursos de ayuda para personas en riesgo, familiares y allegados o supervivientes:

    Teléfono contra el suicidio: 911.385.385
    PREVENSUIC: Aplicación para el móvil con información relevante para profesionales, personas en riesgo, familiares y allegados.
    APSAS: Asociación para la prevención del suicidio y apoyo al superviviente. Girona, DSAS: Barcelona, FUNDACIÓN ALAIA: Madrid, VOLVER A VIVIR: Canarias, BIZIRAUN, AIDATU: País Vasco, APSU: Valencia, ASAM: Burgos, GRUPO DE SUPERVIVIENTES: León, AFASIB: Baleares.

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