“Suicidarse no es fácil, estamos diseñados genéticamente para protegernos “

El suicidio es una salida desesperada para una situación desesperada. Suicidarse no es fácil, estamos diseñados genéticamente para protegernos de cualquier daño y las personas que finalmente atentan contra su vida llevan mucho tiempo pensándolo para vencer esa protección.

Las estadísticas arrojan datos preocupantes. Cada día se suicidan en España 10 personas, y otras 200 lo intentan. Los datos demuestran, además, que en las tres últimas décadas han aumentado los suicidios, sobre todo el población adolescente, hasta convertirse en la primera causa de muerte no natural hasta los 35 años. Ana Lucas, responde a estas cuestiones.

¿Cómo de importante es el suicidio en nuestro país en términos de impacto social y de salud pública?

 
 

La respuesta es complicada pero los datos son tozudos. En nuestro país mueren diariamente el doble de personas por suicidio que en accidentes de tráfico. ¿Prestamos la misma atención a los dos problemas? El obvio que no. No hay grandes campañas públicas para prevención del suicidio, para estudiar los factores de riesgo, para identificar perfiles vulnerables, no hay grandes marcas interesadas en financiar proyectos de responsabilidad social corporativa relacionadas con la prevención del suicidio, o para concienciar a cada sector de población con campañas de comunicación específicas. Y los datos nos dicen que deberíamos ver el doble de campañas de prevención en este terreno que en el ámbito de la seguridad vial.

 
 
 

¿Por qué se produce?

En nuestra sociedad tenemos un porcentaje alto de personas que sobreviven día a día a infinidad de problemas, económicos, sociales o familiares. Son personas que se encuentran en situaciones difíciles de soportar sin apenas posibilidades de salida. Las principales causas que llevan al suicidio son acoso escolar, violencia familiar, cualquier tipo de abuso, o enfermedades mentales como depresión. Las estadísticas están ahí, el porcentaje de abuso sexual es de un 20% . A las personas les cuesta levantar la mano y pedir ayuda. Puede ser por vergüenza, por miedo a que no les ayuden o a las represalias o al estigma social.

¿Cuales son los factores de riesgo y cómo lo podemos detectar?

Hay personas sobre las que tenemos que poner más atención. Se trata de personas vulnerables, con una vida compleja, que se encuentran en situación de supervivencia, es decir que tienen dificultades para tener sus necesidades básicas cubiertas, además tienen escaso apoyo social o una red de apoyo pequeña, sin motivaciones a la vitales. El suicidio también afecta a personas que tienen cubiertas sus necesidades y aparentemente llevan una vida normal. Visto desde fuera no dan señales de preocupación, en estos casos tenemos que identificar cómo vive la persona, y para eso utilizamos la “radiografía mental”. A veces la vida es compleja porque la persona es compleja. Hay un alto porcentaje de casos de suicidio que se dan en la adolescencia y en personas con trastornos de personalidad, en estos casos el factor de riesgo más importante es la impulsividad. La impulsividad explica que en un momento de ofuscación o desesperación, la persona puede tener conductas extremas sin medir las consecuencias.

Uno de los indicadores de riesgo más potentes haber intentado suicidarse alguna vez, o haberlo mencionado, cambios de conducta repentinos, aumento de la introspección o cambio radical de hábitos sociales repentinos. Lo normal es que en algún momento la persona lo comunique de una u otra manera.

¿Es posible que sea una llamada de atención?

Efectivamente, cuando una persona se plantea el suicidio y hace referencia a ello, es una llamada de atención que no puede pasar desapercibida. A veces tendemos a identificar pedir ayuda con debilidad o algo que nos avergüenza. Pero la realidad es que todo el mundo se encuentra con situaciones en la vida en las que necesita ayuda. Saber que no estamos solos frente al mundo es muy reconfortante. En este sentido, la sociedad ha evolucionado y ahora vivimos más solos que antes. Antes vivíamos en tribus, luego en poblaciones más pequeñas donde las personas se conocen. Ahora en ciudades más grandes donde a veces no conoces a los vecinos. En la época que nos ha tocado vivir es especialmente importante tejer una red social que acompañe y que esté disponible cuando la necesitemos. Somos animales sociales y necesitamos de la manada o la tribu para mejorar la supervivencia.

¿Qué se puede hacer?

En primer lugar hay que empezar a hablar de suicidio y darle la importancia que tiene. El tabú es consustancial a nuestra sociedad y con respecto al suicidio hay que erradicarlo. La Organización Mundial de Salud está poniendo en marcha investigaciones y estudios que demuestran la efectividad de una buena información al respecto y la necesidad de poner en marcha programas específicos para prevenir el suicidio. La primera labor para afrontar el problema es identificar las razones que llevan a una persona a tomar esa decisión.

¿Cuáles serían los factores de protección contra el suicidio?

Como sociedad podemos invertir más en formación, campañas de comunicación y prevención del suicidio, y atendiendo a la incidencia del problema habría que hacerlo en todas las edades, en centros educativos, en centros de trabajo y centros de cuidado a personas mayores. En las familias, como primer círculo social de seguridad de todo individuo, debemos prestar atención a las personas más débiles, a las que viven en condiciones más precarias, a las que han sufrido golpes vitales duros. Como personas tenemos que aprender que pedir ayuda, es lo primero que hacemos al nacer con el primer llanto y, de alguna forma, se nos ha olvidado.

 
 

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