Suicidios adolescentes

La tercera causa de muerte entre los jóvenes es por causa voluntaria, algo no estamos haciendo bien

Los motivos detrás del suicidio de un adolescente son complejos. ¿Por qué el suicidio o intento de suicidio aumenta significativamente durante la adolescencia? No hay una respuesta clara al respecto. La única verdad es que el suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes de 15 a 24 años de edad. En el ranking mundial van inmediatamente detrás de accidentes y homicidios. Hay un dato más también significativo, se cree que por lo menos se hacen 25 intentos por cada suicidio de un adolescente.

No deja de ser una mala noticia, por mucho que afecte a los adolescentes norteamericanos, que los suicidios en estas edades hayan aumentado notablemente. Tiene que haber una causa. Los expertos norteamericanos la sitúan en el estreno de ‘Por 13 razones’, una serie de televisión, basada en la novela para jóvenes adultos escrita por Jay Asher. Narra la historia de Hanna Baker que, antes de quitarse la vida, deja cintas de casete a quienes considera fueron los responsables de su acción. Esta historia no puede ser el detonante, por poco realista, que invite a los adolescentes a quitarse la vida. Situaciones de ficción como la aludida no pueden influir en el ánimo de los chicos y las chicas. No deben convertirse en imitadores. Es cuestión de formación, de una educación responsable, más allá de las asignaturas que se inmparten.

 
 

El primer mes de emisión de esta serie coincidió con la tasa más elevada de suicidios de jóvenes de los últimos cinco años. Algo no se está haciendo bien en la formación de estos chicos y chicas, cuando el hilo entre la vida y la muerte es tan sutil, y proyectan sus vidas en función de lo que le ocurre o deje de ocurrir al personaje de una serie de televisión. No tienen que ser héroes ni heroínas en función de la muerte. Tienen que serlo en función de la vida que lleven, de la vida que desarrollen. No pueden tener como espejo en el que mirarse a los personajes de un libro, una película, una serie. De esa forma se cumple el dicho aquel: ‘la realidad supera la ficción’. Y ni es buena la ficción ni es buena la realidad que se produce como consecuencia de la misma.

No voy a hablar aquí de los métodos elegidos por muchos adolescentes para poner fin a sus vidas, porque resulta un tanto escabroso, porque no se debe poner el foco de atención en ello. Lo que hay que procurar es una mayor comunicación, una mejor formación como personas responsables. El suicidio no puede estar presente, como solución, en la vida de los adolescentes tan proclives a tomar medidas drásticas, tan sensibles ante ciertos procesos en sus jóvenes vidas. Son un activo que no podemos desperdiciar, que no podemos perder, porque ellos y sólo ellos representan el futuro. Se debería abrir un debate al respecto.

En lugar de mostrar el camino hacia el suicidio, como hace la serie de Netflix, hay que trazar un camino plagado de valores que motiven a los más jóvenes. Bien es verdad que hay unos detonantes como el maltrato, el bullying y el abuso sexual a los que fue sometida la protagonista que también hay que vigilar para que no se produzcan. En España han sido ya demasiados los suicidios por bullying, una carga insoportable para los adolescentes sometidos, para los adolescentes más sensibles que no logran sobrellevar una carga que hay que denunciar de inmediato. A los practicantes de bullying hay que ponerlos fuera de juego. Y no que los malos se quedan y los buenos se van o se quitan del medio por la siempre tremenda vía del suicidio.

La opinión de Zamora

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