Un suicidio cada 40 segundos en el mundo: problema que debe hacerse visible

En casi todos los países de Europa Occidental el suicidio (también llamado autoasesinato) se consideraba un delito grave desde la Edad Media hasta, por lo menos, la Revolución Francesa. En Inglaterra, uno de los últimos países europeos en despenalizarlo, fue un crimen hasta 1961. En muchos países, como Singapur, se considera un crimen en la actualidad. Debido a esto los datos históricos sobre este tema no están fácilmente disponibles. El estigma que rodea al suicidio hace difícil su medición, aún en nuestros días.

Las estadísticas de mortalidad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sugieren que la prevalencia y las características del comportamiento suicida varían ampliamente entre las diferentes comunidades, los grupos demográficos y con el tiempo. Una importante diferencia se produce en el género: las tasas de suicidio son mucho más altas en hombres que en mujeres, particularmente en los países de altos ingresos.

El suicidio es un tema extremadamente complejo, y aunque no es posible determinar sus causas, existen algunos factores de riesgo que han sido identificados a través de correlaciones. La enfermedad mental, específicamente la depresión, es ampliamente reconocida como el factor de riesgo más importante.

La OMS ha recordado que a través de “intervenciones oportunas” y de bajo coste se pueden reducir los suicidios en el mundo, que ascienden ya a uno cada 40 segundos, lo que supone que en un año unas 800 mil personas se quitan la vida.

Cada suicidio es una tragedia que afecta a familias, comunidades y países enteros y tiene efectos duraderos entre los afectados. El suicidio no solo ocurre en países de altos ingresos, sino que es un fenómeno global en todas las regiones del planeta.

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El vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales -en particular, la depresión y los trastornos por consumo de alcohol- está muy establecido en la mayoría de los países.

Muchos suicidios se producen de forma impulsiva, en momentos de crisis, por dificultad en la capacidad de lidiar con el estrés de la vida, problemas de diversa naturaleza, ruptura de relaciones o dolor y enfermedad crónica. Las tasas de suicidio también son altas entre los grupos vulnerables que sufren discriminación, como los refugiados y los migrantes; población indígena; personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, intersexuales (LGBTI), y prisioneros.

Problema de salud pública

La conducta suicida se ha calificado como un “serio problema de salud pública”, pero que ofrece posibilidades de prevención. Y es que existen actuaciones o comportamientos que se pueden observar en las personas que desean terminar con su existencia, tal es el caso de las amenazas de matarse, que a veces no se toman en serio, o frases como “nadie me extrañará cuando me haya ido”.

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A ello se le añade la búsqueda en internet de “cómo quitarse la vida” y “cómo tener acceso a armas de fuego”. También llama la atención la despedida de familiares y amigos, el regalar posesiones valiosas o el escribir un testamento, sobre todo, cuando no se supone que existan razones para ello.

Estas señales no deben pasarse por alto. Ante estos comportamientos no se debe dejar sola a la persona. Se promoverá la búsqueda de ayuda profesional en los servicios de emergencia, una línea de crisis o un profesional de la salud. También se puede recurrir a familiares y amigos cercanos (de confianza), maestros, líderes comunitarios, sacerdotes y pastores de iglesias, entre otras figuras significativas.

Asimismo, se debe encontrar “un momento adecuado y un lugar tranquilo” para hablar sobre el suicidio con la persona que ha expresado intenciones de llevarlo a cabo o ha dado muestras indirectas de ello, haciéndole saber que tiene a alguien que le puede escuchar.
Identificación y seguimiento.

Otro método de prevención es la identificación temprana, tratamiento y cuidado de personas con trastornos mentales y por uso de sustancias, dolor crónico y angustia emocional aguda, y la capacitación de trabajadores de salud no especializados en la evaluación y el manejo del comportamiento suicida. Además, hay que añadir cuidados de seguimiento para personas que intentaron suicidarse y proporcionar apoyo comunitario.

Por último, hay que asegurarse de que no tenga acceso a medios de autolesión en el hogar.

Los esfuerzos para la prevención de la conducta suicida requieren coordinación y colaboración entre múltiples sectores de la sociedad, incluyendo el sector salud y otros como educación, trabajo, justicia, derecho, defensa, política, organizaciones de masas y medios de comunicación.

RADIOANGULO

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