Prevenir los suicidios

En la primera comparecencia de la nueva ministra de sanidad Carmen Monton en la comisión de sanidad del Congreso de los Diputados, hemos conocido la intención del Gobierno de poner en marcha un plan de prevención del suicidio. Se trata de un ambicioso y oportuno objetivo dado que, según ha expuesto la ministra, hay casi 3.600 suicidios cada año (unos 10 cada día) y es la primera causa de muerte evitable entre los 14 y 34 años de edad.

La verdad es que afrontar el asunto del suicidio es una decisión muy conveniente que entronca con los fundamentos de la salud pública como disciplina y que va a requerir un enfoque íntersectorial y multidisciplinar para poder avanzar con eficacia en la disminución de las muertes por esta causa.

Un nuevo reto de salud pública que merece el apoyo y el aplauso de todos quienes somos y nos sentimos salubristas porque, incluso el solo hecho de abordar de manera institucionalizada la prevención del suicidio, va a poner el foco de atención social sobre esta verdadera lacra de nuestro tiempo.

Por una parte, habrá que fortalecer los mecanismos de detección precoz en los ámbitos sanitarios, educativos y familiares.

La detección precoz ayudará al abordaje desde los ámbitos en los que la persona objeto de intervención desarrolla su vida cotidiana.

Por otra parte, desde el punto de vista de la prevención, se va a requerir un amplio debate social y una implicación real, sincera y comprometida por parte de muchos actores sociales: las instituciones públicas, los partidos políticos, los sindicatos, las organizaciones empresariales, los medios de comunicación, los padres y madres, los profesionales de la comunicación, los profesionales de la educación y de la sanidad, las ONGs, así como aquellos referentes y líderes sociales de todos los ámbitos que, juntos, pueden hacer posible una respuesta preventiva con visos reales de éxito.

Pocos asuntos como este de la prevención del suicidio tan interesantes para unir esfuerzos en nuestra sociedad en torno al objetivo de su prevención.

Es por eso que estoy plenamente convencido que es una gran iniciativa la que nos propone y a la que nos convoca la nueva ministra de Sanidad.

Y pocos asuntos como este, pueden concitar un enorme consenso y compromiso por parte de todos al margen de ideologías e intereses particulares y de partido.

Se hace necesario un gran esfuerzo colectivo para conseguir que el objetivo de prevención del suicidio se sitúe en la agenda social y rompa muchas barreras, tabúes y estereotipos que hoy están impidiendo que se aborde el problema con la seriedad y el rigor que requiere y merece.

Este es un plan propuesto que, aunque requerirá recursos, es muy probable que sea en baja cuantía porque lo que si necesita es la implicación, el compromiso y la actuación decidida de todos los actores señalados anteriormente.

Estoy seguro de que España puede aspirar a que en el futuro inmediato, con una prevención suficiente y eficaz, el suicidio deje de ofrecer las dramáticas cifras con las que la realidad nos golpea cada día. Todo mi apoyo a la iniciativa.

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