Proyecto Albi: productos locales contra el suicidio de agricultores

Albi es una población francesa de 51.000 habitantes, lugar de nacimiento de Toulouse Lautrec y patrimonio de la humanidad de la Unesco gracias a su pasado como Ciudad Episcopal. Sin embargo, hace ya tres años que el consistorio decidió dedicar muchos de sus monumentos religiosos a fines menos celestiales: convertir sus claustros en huertos que, junto con otra serie de iniciativas, pongan a esta localidad de Midi Pyrenees en la senda de la autonomía alimentaria en 2020 sin que haya marcha atrás.

Así, Albi quiere convertirse en la primera ciudad de Europa en conseguir tal objetivo: que toda su población se alimente mayoritariamente de productos producidos en un radio de 60 kilómetros y que las frutas y verduras que consumen dejen de recorrer miles de millas y acumulen más puntos que George Clooney en Up in the Air, además de un jet-lag del que nunca despiertan. «No podremos comer todo tipo de productos de la huerta como ahora, y habrá menos carne de cerdo, pero animar a consumir menos carne es uno de nuestros objetivos, como lo es que la gente aprenda de nuevo qué produce nuestra tierra y cómo lo produce», explica a PAPEL Jean-Michel Bouat, teniente alcalde de la población, delegado de agricultura urbana y desarrollo sostenible del ayuntamiento, e impulsor del proyecto. «Se trata de transformar la política agrícola y reflexionar sobre un futuro con una producción razonable, local y respetuosa con el medio ambiente».

Pero además, asegura Bouat, el proyecto pretende «devolver la dignidad» a los agricultores. «¿Sabías que en Francia uno de cada tres cobra menos de 387 euros al mes, y que es la profesión con la tasa de suicidios más alta de Francia?», pregunta. El teniente de alcalde no exagera: Santé Publique France, la agencia de salud pública francesa, publicó en octubre de 2016 un informe según el cual cada dos días se suicida un agricultor en el país vecino. Entre 2010 y 2011, 300 se quitaron la vida, un índice un 20% superior al resto de la población, periodo en el que el suicidio era, además, la causa más común de muerte en el sector.

La Mutualité Agricole puso en marcha en 2014 un grupo de asistentes sociales que actúan como centinelas, así como teléfonos de asistencia en exclusiva para agricultores con problemas: Agri’écoute. Las llamadas a este último se multiplicaron por tres en 2016. «Muchos agricultores ampliaron sus explotaciones, compraron tractores y se dedicaron al monocultivo animados por las grandes compañías de semillas, e incurrieron en créditos que no han podido devolver. Volver a producir local y multicultivo podría ser la solución para muchos de ellos. El objetivo es dedicarnos a la producción de fruta, verdura y leche».

Para conseguir su meta, el Ayuntamiento de Albi quiere convertir Canavières, un área de 170 hectáreas a 15 minutos de la ciudad, en uno de los principales puntos de producción. Planea comprar los terrenos, cederlos durante los dos primeros años a los agricultores, y alquilarlos a partir de entonces a 80 euros por año las 2,5 hectáreas. De momento el consistorio ya se ha hecho con parte de ellos, en los que cultivan cuatro agricultores que venden en mercados locales. Otros 15 están en lista de espera. Muy lejos aún, en cualquier caso, de las 18.000 hectáreas que la asociación agrícola Terre de Liens asegura que harían falta para alimentar a los 51.000 habitantes de Albi.

Incredible Edible, el movimiento global nacido en Inglaterra en 2007 que crea espacios agrícolas urbanos, ha apoyado a Albi desde el inicio, pero en su división francesa los hay que se muestran escépticos, como Pascal Brûlet: «Creo que se trata más bien de un proyecto de sensibilización. Con unas cuantas tomateras no podremos alimentar a Albi. Para llegar a la suficiencia hace falta mucha más voluntad política que la de un ayuntamiento», afirma.

El teniente alcalde no se amilana: «Esto es sólo el comienzo. Estoy seguro de que cada vez más agricultores se adherirán a nuestro proyecto. Queremos que en 2020, cuando acabe nuestro mandato, el sistema esté tan bien fundamentado que dejarlo de lado no tenga sentido, y quien quiera que nos sustituya continúe con nuestra labor».

Volver a producir de forma local ayudaría a todos los agricultores de Europa que tienen el mismo problema, asegura. La administración de los barrios y el sistema educativo de la ciudad están así mismo implicados con huertos urbanos.

El gran objetivo es transformar prácticamente todos los espacios verdes de la ciudad en huertos y abrir un mercado donde los productores de la comarca tengan prioridad. Por el momento no se les va a exigir la etiqueta 100% ecológica, pero sí la utilización de técnicas respetuosas con el medio ambiente

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